Orrorin tugenensis y la línea directa a Homo

Orrorin tugenensis y la línea directa a HomoHace ya unos meses escribía sobre Millenium Man en Portalciencia, mi web de ciencia, lo siguiente: El antropólogo británico Martin Pickford y la paleoantropóloga francesa Brigitte Senut, del Museo de Historia Natural de París, hallaron en octubre de 2000 en las colinas de Tugen -centro de Kenia- fragmentos de esqueletos de unos cinco simios, cuya antigüedad fue calculada en 6 millones de años, el Orrorin tugenensis. Un simio de 1,40 metros de altura que vivió hace seis millones de años en lo que ahora es Kenia ya tenía un fémur y una dentadura similares a los de los humanos. El fémur indica que tenía una marcha bípeda muy parecida a la nuestra. La dentadura, que tenía una dieta omnívora, rica en frutas y en proteínas obtenidas probablemente de hormigas y otros insectos.

Hoy he recibido este comentario de Gema Alarcos:

Leía su entrada sobre el Orrorin y quería comentarle respecto a la frase "Estos rasgos, sin embargo, se apartan de los de los australopitecos que vivieron hace entre 4 y 2 millones de años y que tenían dientes grandes en relación con el tamaño del cuerpo y una marcha bípeda bamboleante", si no entraría en contradicción con lo publicado en la revista Sciencie el 21 de marzo de 2008 con el título y autores: Orrorin tugenensis Femoral Morphology and the Evolution of Hominin Bipedalism Brian G. Richmond1, and William L. Jungers, quienes explican que era muy parecido al Australopithecus, alejándolo por tanto de la línea directa a Homo que sugirieron Pickford y Senut.


Además de agradecer el comentario tengo que dar en cierta manera la razón a Gema, aunque no siendo antropólogo profesional sí soy un gran aficionado desde hace muchos años y os puedo asegurar que en los últimos tiempos han sido tantos los descubrimientos paleoantropológicos que, al menos para mí, cada día encuentro más difícil seguir una línea directa desde nuestros más antiguos antepasados hasta el hombre actual.

Estoy seguro que en los próximos años, si se mantiene el ritmo de descubrimientos, tendremos muchos más datos para conocer con certeza meridiana nuestro árbol genealógico desde hace seis o siete millones de años cuando nos separamos del antecesor común con los chimpacés.

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