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El mundo no se acabará en 2012

Una imagen de la película 2012El 21 de diciembre de 2012, virulentos terremotos sacudirán la Tierra, una lluvia de meteoritos de fuego la consumirá hasta convertirla en cenizas y los océanos se tragarán lo poco que quede sobre su superficie. Ese día llegará el fin del mundo según lo conocemos. Al menos así lo asegura una campaña viral que recorre Internet, empeñada en convencernos de que estamos a las puertas del Juicio Final.

Si en 2000 fue el diseñador Paco Rabanne quien, inspirado por Nostradamus, aseguraba que el principio del fin llegaría con la estación espacial MIR cayendo sobre París, ahora miles de páginas web y centenares de libros de contenido pseudocientífico se han refugiado en una profecía maya para ponerle fecha al Apocalipsis y, de paso, ayudar a la promoción del estreno de la película 2012.

En el calendario maya, el 21 de diciembre de 2012 marca el final de un ciclo de 394 años, conocido como Baktun 13, que algunos interpretan como el momento de desaparición del mundo. A esta teoría se le une que, ese mismo día, el misterioso planeta Nubiru, también conocido como Planeta X, colisionará con la Tierra, como asegura el autor Zecharia Sitchin en sus libros. A pesar de que no hay evidencia que sustente ninguna de las dos hipótesis, el asunto ha despertado la curiosidad de los investigadores estadounidenses. Para el profesor David Morrison, astrobiólogo de la NASA, se trata de "un fenómeno provocado por Internet y YouTube".

En el último año, la agencia espacial estadounidense ha confirmado el lanzamiento de hasta 200 libros distintos que giran en torno a estas profecías, con títulos estimulantes pero poco tranquilizadores: Apocalipsis 2012, Cataclismo mundial en 2012 y Cómo sobrevivir a 2012. Para evitar la histeria colectiva, algunos de los más prestigiosos científicos del país se han visto obligados a intervenir para cortar de raíz el falso misticismo del que se ha aprovechado Hollywood de manera oportunista.

Más apocalipsis

El apocalíptico director alemán Roland Emmerich ha sacado todo el jugo al talón de 200 millones de dólares que Sony le puso sobre la mesa para volver a meternos el miedo en el cuerpo, como ya hizo con el mundo helado de El día de mañana o la Nueva York hecha añicos por Godzilla. El próximo 13 de noviembre, Los Ángeles será engullida por el océano Pacífico y la basílica de San Pedro del Vaticano se derrumbará por un seísmo, de momento, sólo en las pantallas de cine.

El profesor Morrison, que desde hace años responde a los enigmas del universo en su web Ask an astrobiologist (Pregunte a un astrobiólogo), recibe desde hace unos meses un inusual número de preguntas relacionadas con los cataclismos profetizados. "Hace dos años, recibía una cada semana; ahora me llega una docena diaria", confirma. Asegura que le han llegado correos preocupantes, entre ellos uno escrito por dos adolescentes "que planeaban acabar con sus vidas para no presenciar el fin del mundo".

Para tranquilizar a la opinión pública, E. C. Krupp, director del Observatorio Griffith de Los Ángeles, una de las instituciones astronómicas más prestigiosas del país, ha dejado claro que "el mundo no llegará a su fin el 21 de diciembre de 2012". Es decir, que será un viernes más, sin catástrofes ni plagas bíblicas.

ROBERTO ARANZ / Publico.es

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